| 
Una magnífica franja verde a través de los escarpados cerros del valle de Albertine Rift, este antiguo bosque- uno de los pocos en Africa en haber florecido luego de la última era de hielo- es refugio y hogar de más o menos la mitad de la población remanente de los majestuosos gorilas de montaña. Contemplar los suaves ojos marrones de estos pasivos gigantes es seguramente un encuentro con la vida salvaje de lo más excitante y acerbo que el mundo – ni hablar de Africa- puede ofrecer. Luego de algunas horas de atravesar un denso habitat de bosque tropical buscándolos, tendrá grandes probabilidades de estar a un brazo de distancia de estos maravillosos primates. Sentado con su cabeza levemente inclinada hacia abajo para evitar un contacto visual directo en un principio, que podría ser interpretado como agresivo, hay innumerables ocaciones en que el gorila se moverá hacia usted, fascinado y curioso por determinar que es lo que está pensando y por qué se encuentra allí.
Pero no tenemos la intención de manchar o arruinar esta asombrosa experiencia ahondando en un botín de superlativos ya que aunque no haya necesidad de mencionarlo, estar aquí es lo máximo. Las palabras no alcanzan y no pueden describir lo que es experimentar este encuentro cara a cara.
Bwindi, aparte de ser hogar de los gorilas de montaña que lo hacen famoso, tiene una amplísima gama de biodiversidad que sale al encuentro del ojo. Viene como resultado de una inmensa antigüedad y tramos de altura, yendo desde 1620m a 2607m sobre el nivel del mar. Noventa especies de mamíferos viven dentro de las fronteras del parque, incluyendo 11 distintivos primates de los cuales el mono colobus negro y blanco con su esponjosa cola es prominente. Las aves son también un punto de atracción con 23 especies endémicas altamente localizadas presentes. |